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+ Intima...

Marta Rocca

Del 19 de Junio al 01 de Julio de 2009  - Entrada: libre y gratuita

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La creación de Marta Rocca nos plantea un trayecto, un tramo, un espacio, en dónde acontecen encuentros. Es una puesta a la vista -y a la sensibilidad del sujeto que objetiviza- en la construcción constante de una trama sin fin. "Íntima" consta de dos instancias: una efímera; en la performance de la mujer de acción, que -sin pausa aparente- construye su propia trama.Otra, de construcción de la obra concreta y puramente plástica: plano, espacio, objeto, cuerpo y voz, obra al fin. ...................

 

Texto de Jorge Alfredo Poupeau Palacin

 

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Paradojas del Acontecimiento Estético.

 

No sabía que un extraño desconcierto me recorrería de cabo a rabo, cuando Marta Rocca me invitó a introducir su muestra “+ íntima”. No es la primera vez que reflexiono y trabajo sobre su particular obra, pero la temática y la calidad paradójica de estas producciones, me decidió desde un principio a no introducirla clásicamente, destacando los procedimientos técnicos y compositivos que la sostienen. Mi interés se centró, inmediatamente, en rescatarla como acontecimiento estético; ya verán por qué. Por lo pronto los invito a acompañarme en los desvelos que introdujeron en mí. Podemos diferenciar los hechos cotidianos en, sucesos o hechos que siguen un orden prefijado y aluden a una serie como continuidad, y acontecimientos o hechos que irrumpen en la vida cotidiana generando un nuevo ordenamiento que da lugar a nuevas y diferentes series de hechos. Dentro de éste marco, estas cuestiones urgían: ¿cómo acceder a una obra que apunta a la intimidad?, ¿y cómo hacerlo como varón cuando de la intimidad que trata es la del orbe femenino y, para colmo, si viene promovida por un plus, una sumatoria, un todavía más?. Como buen varón tomé la iniciativa, decidí Internarme en la obra para leerla, interpelarla para develar su hondura, para interpretar el secreto de su factura. Ya en ese sentido, lo primero que observé fue su organización en Tríadas: - 3 Pinturas Grandes: llenan el espacio con su actividad, tejen, traman, urden mundos, universos, dioses, hombres, mentiras, halagos, miedos, furores. Una Amarilla (color alquímico que simboliza la tierra) teje o desteje el espacio tejiéndose o destejiéndose a sí misma. Otra roja (color alquímico que refiere la actividad humana) se ufana abstraída hasta cegarse a sí misma en la ardua tarea de suturar o procurar la dehiscencia que eclosiona o colapsa su medio natural; tal vez nosotros enrarezcamos su aire de tal modo, que nos niega totalmente su cara.

 

La tercera con absoluta calma y desprendimiento, parece avocarse parsimoniosamente a repararse a sí misma. Procurándose un cuerpo vegetal, oculta su pasión y viéndonos directamente; como si nada, parece invitarnos a hacer lo mismo. - 3 Pinturas de menor formato: que invitan a visitarla más íntimamente, se solazan, aburren o enervan en la espera. Parecen presentar 3 tiempos femeninos. Vejez que se funde con el espacio sombrío. Madurez ofrece la plenitud florida de su sexo. Juventud en su cándida fragilidad desconoce el exceso que la habita, incita a seducirla rabiosamente. - 3 Torsos: Una sexual, guerrera que abate con la palabra. Otra erótica, nos insta a desatar suavemente el moñito que ciñe sus nalgas. Una tercera sellada, hermética, puro soporte y silencio. Todo este despliegue me recordó que, en la simbología de Tarot, el tercer arcano mayor es La Emperatriz. Este arcano evoca la creatividad femenina, mujer vehemente acometida por un borbollante furor, dispuesta a vencer sus propios límites, a exultar sea cual fuere su edad, a exaltar el gozo de estar en plena creación, producción y florecimiento. Es la Natura Naturans, la primavera eterna. Pero ¿y la que está de pie?, ¿qué sucede con la décima?, me pregunté. Siguiendo esta trama de ideas, llegué a la Tetractis Pitagórica. El 10 es un Nº triangular, la década, el ciclo inicial es una propiedad estereométrica de la tríada, pues 10 puntos componen un triángulo perfecto. Entonces todo esto no es coincidencia, responde a un plan perfectamente urdido por la artista según claves místicas y esotéricas de profundo simbolismo. ¡Estás bien orientado muchacho!. ¡Eres suspicaz!. Armado con estos pertrechos, volví para informar a Marta que creía haber develado, al menos en parte, su secreto. Antes de articular palabra, caí derrotado, desarmado por un detalle (también en los detalles está Dios, dice el dicho) que había pasado por alto en los torsos. Uno de ellos porta una abertura, marcada por un tejido (puntilla), por donde atisbar en su interior; y allí el puro vacío texturado parece transpirar... sentí la tentación de tocar, pues aquello remitía de lleno a una piel intensa, cubierta por otra más oscura, ornada con pliegues y rematada por una especie de escarapela.

 

Observé nuevamente el que porta la cabeza esquemática, había desplazado totalmente su sentido, ahora parecía estar atragantado, en lucha constante entre hacer lo que piensa y lo que siente. En ese instante me enteré que el tercero sería el encargado de portar el chaleco tejido de la performance. Era el soporte de la actividad, del sudor, del querer decir y no poder o poder a medias, del sentir y percibir, del pintar, el actuar y el tejer. Era la piel que conectaba y trenzaba todo esto, exponiéndolo en la agitación de su superficie. Fue Nietzsche quien sentenció que el sujeto es un efecto de superficie (a esta altura podría afirmar que es un efecto de descondicionamiento de la piel como tejido tramado de textos, lenguajes y sentidos prefijados a lo largo de la historia); Nietzsche, el mismo que nos invita a viajar al origen de la cultura occidental para darnos cuenta de la inversión de sus valores. De hecho, sin darme cuenta había caído en mi propia trampa... como varón, supuse un sentido, quería internarme en la hondura de un secreto, leí la obra olvidando que el pensamiento no es más que el producto de un repliegue de la piel (había omitido el hecho que la piel y el sistema nervioso devienen del mismo tracto embrionario: el mesodermo), pura exterioridad intimizada, apenas diferenciada en un producto más sensible... sentí mi capacidad de pensar atrapada en el descalabro de mi propio género, en las redes del pensamiento asignado como ‘apropiado’ para los individuos de mi sexo... había dicho no querer realizar un análisis ‘clásico’ de la obra y sin embargo no podía no hacerlo... Inmediatamente surgió la pregunta sobre las condiciones sociológico-políticas que generan los roles tradicionalmente atribuidos al varón y la mujer y formulé la siguiente pregunta: ¿Cuál es el corte entre masculino y femenino que caracteriza el juego social regido por un sistema clásico?.

 

El diccionario consigna: Clásico, del griego Clasis, brazo armado del ejercito. En La Apología de Sócrates, Platón destaca el gesto heroico de preferir la cicuta (la muerte física) al ostracismo, es decir el destierro, el exilio, la exclusión. Este gesto muestra: - que el ciudadano-guerrero ateniense accede a una definición incorporal de sí mismo, - que nos hallamos ante un patrón de varón desencarnado, insensibilizado, - que el cuerpo masculino ateniense es concebido como el soporte de las conductas cívicas, - que el Soma masculino pertenece a la Polis. ¿y qué sucedía con las mujeres?. Baste recordar que el idioma griego carece de gentilicio femenino para el término “Ateniense”. Esta exclusión de lo femenino (ninguna mujer participaba del ágora), pone entonces de su lado el cuerpo físico, natural, sensible, mortal. Así, la configuración del campo social en el juego de símbolos que sustentan el origen de la democracia, asigna a la mujer la encarnación del elemento corporal más humano: lo natural sensible; en tanto que, simultáneamente, relega al varón al lugar (rol) que ocupa en el ámbito de la ciudad y la cultura. Desde la perspectiva de la Apología, lo masculino se define en ese enfrentamiento con una muerte no en sentido físico, sino cívico y social. Así se nos marca el ingreso a vivir y pensar según la diferencia de género: mientras la mujer padece la muerte física, el varón incita a la muerte... y la domina, pues el rol civil que desarrolla y con el que se confunde no muere jamás, permanece en la memoria, en la historia. Asumámoslo, los varones somos seres históricamente diseñados para la memoria, y esta decisión, si bien no la tomamos nosotros, seguro la padecemos. A su vez, esta decisión histórica pone del lado excluido, del lado femenino la Piel, la desnudez propia del ser natural, su esencial vulnerabilidad, su más íntima debilidad. A la mujer le falta ese escudo incorpóreo, elemento defensivo socialmente adquirido e incorporado que revela la esencia de lo masculino y lo cultural... sólo le resta la piel: lo que en todo organismo vivo se sitúa entre el interior y el exterior, que presenta la posibilidad de ser conmovido por algo externo y anterior que lo trastoca todo: el acontecimiento. Ahora bien, al comprender que de piel se trata, me propuse dejarme hilar y deshilar en el ámbito que diagraman las obras de ‘+ íntima’ y en los desplazamientos que ponen en marcha una lectura que deslee y deshila el sentido de ser quien soy y quien digo ser para volver, para ponerme de cara a aquel otro de mi mismo que no espera para advenir, ya que viene avanzando hacia su origen, mi ahora. Así, ya trabajado por al acontecimiento estético, pude percibir de otra manera la muestra, reparando en otro divino detalle: excepto una, todas las figuras están sentadas o apoyadas. Esta actitud atávicamente receptiva me remitió a la imagen del quilcamayock o notario público, encargado de registrar los sucesos que dominaban la vida cotidiana del incario, que nos donara la mano maestra de Guaman Poma de Ayala, en su libro de ilustraciones. Estos historiadores precolombinos tomaban nota de la vida en libros hechos anudando hebras de lana trenzadas y teñidas en diferentes colores, y de diferentes grosores.

 

Lamentablemente hemos olvidado cómo leer estos libros porque lo que relataban debía ser excluido de aquella realidad colonial (como las mujeres debían ser excluidas del orbe cívico) Posteriormente, también perdimos la capacidad de tejer en faz de urdimbre (aunque aún se conservan algunas piezas tejidas como el Aguayo Antiguo), tejido caracterizado por revelar en sus coloridos diseños el alma, el soporte del tejido, mostrando que se puede tejer en sentido contrario al paso de la naveta, al paso del tiempo, al paso de la historia... Quizá mi lectura intente un poco esto, mostrar la urdimbre, el alma desde la cual podemos percibir y pensar, al tiempo que nos deshacemos de una trama de pensamientos que nos mantienen clásicamente trenzados, ordenados, sometidos, inanes...

 

Tramado ahora por estas ideas, me pregunto si la figura en pie no estará deshilando su propio sitial social, su propia identidad, su propio ajuste a un rol, para dar rienda suelta a su deseo y simultáneamente hilar la silla en que va recibir a esa desconocida de sí misma que viene a buscarla desde el futuro. Como ven adentrarse en el acontecimiento estético exige vaciarnos de lo más valioso que tenemos, la identidad que nos anima en este instante, para alumbrar como padres y madres de nosotros mismos, nuestro propio núcleo celado el centro cuya fascinación los invito a explorar en las obras que componen ‘+ íntima’ Por último sólo quiero agregar que me gustaría tener el valor de sentarme allí fuera, en esa silla hilada al deshilarla, y atisbar el mundo sostenido por la fibra más intima de la piel de una mujer.

 

Roger Colom

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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