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Cerverizzo & Cassiau

Carolina Cerverizzo Clarisa Cassiau

Del 07 de Junio al 24 de Julio de 2005 

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Un disfrute de los sentidos ´La misión del artista es echar luz sobre las tinieblas del corazón humano.´
(Schumann)

La obra de estas dos artistas están fuertemente hermanadas en los conceptos de ruptura que cambiaría el rumbo del arte a principios de SXX: La abstracción como atributo trascendente y expresión auténtica del espíritu.
CON LA EOCUENCIA DEL SILENCIO

Texto de Adrián Gualdoni Basualdo sobre la obra de Clarisa Cassiau

Enfrentarse a la obra de Clarisa Cassiau implica para el observador de espíritu abierto, el poder descubrir la emoción que anida en la línea, la gozosa pasión que desborda el mismo espacio que la artista ha gestado.
En esta muestra que recoge en una veintena de obras, entre pinturas, esculturas y móviles, lo más representativo de su producción de los últimos tres años, se torna evidente esto que hemos señalado.

Es que la creación , ese proceso tan íntimo como sublime que se concreta cotidianamente en el taller de un artista, gana en dimensión al ligarse a la Creación, esa gesta divina en la que durante los siete tiempos que nos relata el Génesis, fueron el universo y el hombre concebidos. Así en el espejo de lo Absoluto, la labor del artista adquiere una dimensión de naturaleza hondamente espiritual.

Clarisa sabe desde siempre de su privilegio, de ese don recibido y aceptado y por ello , tras encarar con responsabilidad una necesaria etapa formativa, vuelca ahora, en madurez, arte y oficio a la tarea de crear.

Con modestia se reconoce un instrumento del Hacedor, y por ello trabaja con alegría, lúdicamente , como abandonándose a esa fuerza interior que va convirtiendo la idea en línea, la línea en espacio, el espacio en color; y el todo en el ámbito propicio para el encuentro con ´el otro´ , ese anónimo destinatario de su obra, a quien ésta está dirigida y para quien fue concebida.

Clarisa busca, desde su propuesta primera, la participación activa del observador. Sus obras declinan cualquier barrera intelectual, renuncian al hermetismo, se abren como flores bajo el sol, trascienden como dos brazos extendidos, y parecen decirnos, ´esta soy yo´ en una explícita invitación a un diálogo infinito.

Ella administra su lenguaje con mesura en la materia, domina soportes y pigmentos, y templa su paleta alejándola de estridencias y fulgores vanos. Luces y sombras buscadas, incluso provocadas, cierran con adjetivo sutil la frase que siempre inicia, vibrante, el verbo claro de la pintura.

Buscar sus raíces y conexiones en la historia del arte, esas que seguramente nos llevarían a Kandinsky y Malevich, a Mondrian y a Klee, es tarea más propia de críticos que de meros gustadores, en cuya vasta legión nos enrolamos. Por eso, tras captar sus claves, renunciamos a revelar sus gestos, a analizar el ademán plástico con el que se expresa Clarisa Cassiau. Preferimos guardar la inocencia del profano, postergar a la razón convocando antes al corazón, sensible, siempre alerta y bien dispuesto a leer, línea a línea, la imaginería trascendente de estas obras que nos hablan al oído con la infinita elocuencia del silencio.
Adrián Gualdoni Basualdo / Octubre de 2000.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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