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El bosque encendido

El bosque encendido

Olga Autunno

Del 24 de Octubre al 22 de Noviembre de 2015 - Inaugura: 12hs  - Entrada: $ 10.- mie y sáb gratis

 
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El Bosque Encendido
 
A comienzos de 2015 se desató un incendio en el valle del lago Cholila y en el Parque Nacional Los Alerces, provincia de Chubut. Fue el siniestro forestal más grande de la historia argentina. Murieron cipreses, maitenes, notros, alerces, coihues y cañas, algunos centenarios. Alguien, intencionalmente, mató al bosque. Unas 41 mil hectáreas de vegetación nativa ardieron en llamas durante un mes, hasta que las lluvias del otoño extinguieron su furia.
 
Según W.W.F. los gobiernos destinan el mayor porcentaje del presupuesto de la lucha contra incendios a apagarlos. Muchísimo menos se invierte en evitarlos. Y casi nada en revertir los daños. Es ahí donde Olga Autunno cree en su magia, en el poder sanador del arte, al menos para los espíritus. Intenta, a la vez, dejar un testimonio que despierte conciencias.
 
La artista se entera de la noticia y se sube a un avión. Consigue que un baqueano la lleve al corazón mismo del desastre.Ve crecer las llamaradas en una ladera. Ve el poco alivio de los aviones hidrantes. El verde va desapareciendo del paisaje. Queda todo gris, negro humeante. Camina por las cenizas. Deja rosas en la tumba de maderas y ramas. Planta cruces.
 
¿Dónde anidarán ahora los pájaros? ¿Cuándo nacerán nuevas hierbas y flores? Pasarán décadas antes de que este suelo recupere su fertilidad. Ya no hay mucho por hacer. Sentarse, y llorar. O acaso imaginar de nuevo esa postal reverdecida. “Conversé con el viento mañana y noche mientras él agitaba las lenguas de fuego… el humo trepaba por mis ojos”, dice.
 
Coincidirán con ella en el dolor los antiguos pobladores que dejaron su huella en el Cerro Pintado. Habitantes del bosque, ¿entenderían su ceremonia de imágenes? Algún mensaje nos dejaron en las geometrías de cuevas, aleros y paredones, aunque desconocemos el código para descifrarlas (sólo se explican en el marco histórico, cultural y natural en que fueron ejecutadas). Con herramientas y lenguajes actuales, entabla un mismo diálogo con el entorno, y atraviesa mundos reales e imaginarios. “Podrán matar al bosque, pero no su espíritu”, desafía.
 
Entonces, intenta con su mano reanimar los troncos. Quiere inyectar vida al carbón. Envuelve con tules verdes las ramas que quedaron desamparadas. Las abriga. Arma nidos. Sobre las raíces ennegrecidas desparrama su anhelo de verdor. Sobre el monte, nubes. “El árbol de la memoria, que no olvida su sombra”, dice Autunno y planta coníferas en los deseos. Pone vida donde ya no la hay, porque es optimista: confía en la capacidad de resistencia de la naturaleza... en el misterio de la supervivencia.
 
Desde 2008, con la serie de Irrupciones, Autunno se volcó a sus preocupaciones por la condición femenina y el medio ambiente. Su trabajo escapa al apretujo de los géneros. Es a la vez performance, instalación, escultura, land art. Interviene el espacio y se corre de la escena: en sus fotografías vemos su huella. Su labor es profundamente poética y está sustentada por  un ojo entrenado en treinta años como grabadora y pintora. Las disciplinas están todas ahí, y la nutren en la tarea de poner en imágenes las causas que la conmueven. Hay algo curador en su práctica: el renacer que ella dibuja ofrece una esperanza.
 
María Paula Zacharías
Periodista Especializada en Artes Visuales. Cultura Diario La Nación

 

 

TEXTO CURATORIAL

 

Olga Autunno es una artista multidisciplinaria e inquieta que actualmente agudiza la mirada como referente de su época, tomando como eje la fotografía y el video. Mediante esas disciplinas reflexiona sobre varios temas: la naturaleza alterada por efectos de la contaminación, la problemática del ser humano, protagonista de la escena cotidiana, que se debate cada día por emerger, por recomenzar, como índice de lo imposible en el entorno social que le toca vivir. El bosque encendido es un claro ejemplo de esta faceta de la artista. Autunno Interviene el espacio y se corre de la escena: en sus fotografías vemos su huella. Su labor es profundamente poética y está sustentada por un ojo entrenado en treinta años como grabadora y pintora. Las disciplinas están todas ahí, y la nutren en la tarea de poner en imágenes las causas que la conmueven. Hay algo curador en su práctica: el renacer que ella dibuja ofrece una esperanza.

 

Ivana Siccolo, integrante del equipo de Investigación y Archivo del Museo Sívori, apunta que Autunno, “en su trabajo de desvelar contenidos opta en este caso por el testimonio de instantáneas fotográficas medioambientales y del land art. A través de ellas busca mejorar la compresión de las causas, consecuencias y soluciones de nuestro accionar sobre el planeta que nos contiene. En la serie exhibida podemos advertir tres momentos paradigmáticos: el antes, el durante y el después de un hecho acaecido a principios de 2015, en la provincia de Chubut. En el primero el incendio arrasa todo, dejando a su paso imágenes envueltas en una trágica belleza. La autora genera composiciones estilísticas de construcciones austeras, cargadas de simbolismo. En esta serie los rojos sobre profundos negros intensifican el calor del fuego. Posteriormente una paleta de grises, posicionan al espectador en el momento del entretiempo, en el cual el todo el entorno natural se detiene en un instante de silencio catastrófico, curioso de futuros cambios. De esta manera Autunno nos invita a la observación y contemplación como etapa de aprendizaje, la búsqueda de una memoria y una identidad que empieza a gestarse a partir de despojos de un entorno que antes no existía. Se reconocen troncos ennegrecidos, yerba quemada fondos de ceniza infinita de un paisaje que alguna vez fue y ya no es reconocible. Por último, en el después vemos la mano humana de la artista, que guía y orienta la fuerza vital que puja y trata abrirse camino. La simbología utilizada corresponde a un patrimonio personal: cruces y lápidas que dan cuenta de las pérdidas. Sueros fisiológicos sanadores que nutren la nueva vida que quiere renacer y textiles de fuertes verdes que golpean la retina del espectador y se vuelven esperanza”.

 

El génesis de esta exposición es el incendio intencional acaecido en 2015 en el valle del Lago de Cholila y en el Parque Nacional Los Alerces, Chubut, que dio como resultado el siniestro forestal más grande de la historia, arrasando 40 mil hectáreas de vegetación nativa durante un mes: cipreses, maitenes, notros, alerces, coihues y cañas, algunos centenarios. Enterada del hecho, la artista viaja hacia la zona afectada y logra que un baqueano la lleve hasta el centro del desastre.“Es ahí donde Olga Autunno cree en su magia, en el poder sanador del arte, al menos para los espíritus. (…) Camina por las cenizas. Deja rosas en la tumba de maderas y ramas. Planta cruces”, relata la crítica especializada en arte María Paula Zacharías, y añade: “Entonces, intenta con su mano reanimar los troncos. Quiere inyectar vida al carbón. Envuelve con tules verdes las ramas que quedaron desamparadas. Las abriga. Arma nidos. Sobre las raíces ennegrecidas desparrama su anhelo de verdor. Sobre el monte, nubes. ‘El árbol de la memoria, que no olvida su sombra’, dice Autunno y planta coníferas en los deseos. Pone vida donde ya no la hay, porque es optimista: confía en la capacidad de resistencia de la naturaleza... en el misterio de la supervivencia”.

 

 

TEXTO DEL ARTISTA

 
La muestra que realizaré en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, surge a partir de los reiterados incendios forestales en nuestro Sur, cuyo impacto ecológico es muy superior al que se ve a simple vista. Debido a mi compromiso con el medio ambiente y la preservación de la naturaleza, es que me avoqué a mostrar lo registrado, hacer ver y concientizar.
 
Interviniendo el bosque para darle nueva vida, intentando que la esperanza nunca se pierda y que persista el misterio de la naturaleza.
 
Olga Autunno
 
 
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

  

Olga Autunno

 

Nace en Buenos Aires, Argentina.
Estudia en la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de Córdoba. Fue becada por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para realizar estudios de Maestría y Artes Visuales en España. Reside en Madrid durante cinco años donde se especializa en Gráfica Contemporánea en los Talleres Internacionales de Brita Prinz. Efectúa seminarios de fotografía.  
 
Es miembro de la Asociación Española de Pintores, Grabadores y Escultores de España. Realiza tareas de Investigación en la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Se especializa en Litografía en la Fundación CIEC, Betanzos.  
 
Regresa a la Argentina en el año 2001, donde reside desde entonces.  Está abocada a diversas técnicas: Grabado, Pintura, Instalaciones, Fotografía y Video.  Expone desde el año 1985. Ha participado en más de 200 exposiciones colectivas y 27 muestras individuales en Museos y Galerías en el país y el exterior, entre ellos España, Italia, Egipto, Portugal, Polonia, Rumania, Alemania y Estados Unidos.

Hasta la fecha, ha obtenido 18 Premios. Se destaca en el año 2006 con el Premio Adquisición en Grabado Fundación Alberto J. Trabucco de la Academia Nacional de Bellas Artes. En el año 2012 recibe el Primer Premio en Monocopia, en el LVII Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano, en el Museo de Artes Plásticas, Eduardo Sívori. En el año 2015 recibe el Segundo Premio del Salón Nacional de Grabado, Palais de Glace.
 
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