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El Libro de los Bosques

Laura Messing

Del 06 de Abril al 10 de Mayo de 2013 - Inaugura: 13hs  - Entrada: libre y gratuita

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Primer piso, Sala Madera.

 

En un camino que comienza con los estoicos, continúa con Spinoza en el siglo XVII, y culmina en las lecciones de Deleuze, el bosque es el gran ejemplo de que la esencia de las cosas es un grado de potencia, no una forma. ¿Dónde termina un bosque? Allí donde va mermando su capacidad de proliferar árboles. Está claro que se trata de un límite dinámico: ¿qué sentido tiene preguntarse por su forma? La única pregunta por hacerle al bosque es ¿hasta dónde irás?
    
El arte del paisaje puede definirse como el resultado de una tensión entre la voluntad de forma que rige la representación y el comportamiento desatado de las fuerzas propias de la vida orgánica. Como dijo Kenneth Clark, la historia del paisaje refleja las cambiantes concepciones acerca de la naturaleza que el hombre ha forjado a lo largo de siglos. Así, ha estado atravesado por pensamientos distintos: fantasía, simbolismo, idealización, observación científica. Laura Messing, en sus bosques, convoca esta densa multiplicidad de significaciones.
 
Convoca, a través de las imágenes y de la literatura, el bosque medieval. Omnipresente, apenas salpicado por breves oasis de civilización y productividad, asiento de temores y fantasías. Desde el oscuro bosque habitado de seres ignotos y amenazantes, hasta la paradisíaca promesa de abundancia. Convoca también aquel momento del siglo XVII en que el paisaje se instituyó en un grand genre, en un tema autónomo de la pintura, reflejando la conquista del saber moderno sobre la naturaleza y preanunciando un dominio material que se volvería absoluto a partir de la revolución industrial. Convoca, por último, el paisaje contemporáneo, que oscila entre el orgullo tecnológico y la sensación de una pérdida.
 
La imagen fotográfica nació determinada por la pintura, y el género del paisaje es uno de los testimonios de un vínculo longevo y complejo. Pero también, la fotografía descubrió y explotó largamente sus diferencias específicas. De su cualidad indicial nació la valoración de la imagen fragmentaria. De su reproductibilidad, las posibilidades narrativas que exceden a la imagen unitaria. Laura Messing lleva al género tradicional del paisaje a sus propios límites, uniendo la captura fotográfica a la naturaleza secuencial del libro y la palabra.
 
No se trata una convivencia armoniosa sino inquietante. Fotografías que desbordan el límite de la página, páginas monocromas con elementos mínimos, imágenes y textos que se acompañan, que divergen, metáforas cuyos ecos desafían la linealidad de un ritmo, sintonías calmas y contrastes sorpresivos, reiteraciones y elusiones. En la temporalidad del libro, las fotografías y las palabras, más que acompañarse, se rebasan, provocan, se multiplican mutuamente.
 
Hay tres capítulos pero podrían ser infinitos, como los senderos que se bifurcan, que tanto avanzan hacia delante como al costado, hacia atrás o hacia sí mismos. Son tres estados de la misma potencia-bosque.
 
Un estado del bosque es la sombra y la sombra una advertencia acerca de la hipervisibilidad (la ceguera) que acecha nuestra vida contemporánea. Allí donde no ver nos ayuda a ver más, surgen otras nociones de lo bello.
 
Otro estado del bosque es el umbral y el umbral la representación de una experiencia de pasaje. Umbral de ida, lleno de misterios, temores e ilusiones; umbral de retorno, lleno de saberes inefables. Un umbral no es un camino ni una meta prefijada, es un espacio intangible de pura posibilidad.
 
Recién en su tercer estado el bosque es un sendero, y el pensamiento mítico da paso al proyecto moderno. Aparece la arquitectura y de algún modo el final resignifica el principio donde un árbol desnudo y solitario resiste a la vera de las vías de un tren. Shakespeare lo vio, también en el siglo XVII. El camino del progreso levanta vientos de incendio y destrucción. Frente a la bifurcación de este sendero, la artista Laura Messing no ignora la admonición ecologista, pero añade otra sospecha: que con la destrucción de los bosques se extinguen memorias, fantasías, símbolos, talismanes, hábitos, deseos, ideales, identidad, cultura. 
 
Valeria González
Universidad de Buenos Aires
    

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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