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Suipacha 140 [mapa]
Tel 4322-0010
Lun a Vie de 10 a 19 hs.

espaciotucuman@tucuman.gov.ar

Ensamble de dos mundos

Liliana Fantini

Del 18 de Mayo al 31 de Julio de 2006  - Entrada: libre y gratuita

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Inaugura jueves 18 a las 19 hs.


Gacetilla Violeta Moraga

Se trata de una muestra osada y colorida: Liliana Fantini se atrevió a la mixtura de íconos indígenas de los Valles Calchaquíes con los de marcas contemporáneas.

El ensamble de dos mundos: la cultura de estos pueblos originarios y ancestrales, con la cultura de la imagen. “El ícono tuvo un enorme valor como portador de significados inagotables en las culturas del pasado, que eran ágrafas, tanto como en la actualidad significa dentro de la cultura de la imagen”, explica Fantini. La obra terminada da cuenta de una labor intensa y un largo recorrido al rescate de la historia cultural, los motivos resignifican expresiones ancestrales del aire, el fuego, la tierra y el aire.
El entramado llena de color el ESPACIO TUCUMÁN, ubicado en Suipacha 140, pleno microcentro de Buenos Aires.

Manos artesanas Tanto el principio fundacional de la muestra, como los materiales y las herramientas de trabajo de la artista, pertenecen a la zona de los valles y a la cultura diaguita. En la tradición, el arte del tapiz tiene un carácter sagrado. Urdir el telar es una ceremonia en la cual se pide permiso a los dioses y protección a los ancestros para que el trabajo salga bien. El tejido a telar se ha difundido en forma oral, de familia en familia, y es casi natural esta sabiduría artesana entre los descendientes indígenas. También es un aprendizaje para la vida: “ante un error, tan común en el entramado de las lanas, hay dos actitudes. Se lo desarma y se lo corrige, ó se deja, pero se piensa por qué lo cometió…creo que es de una sabiduría muy grande”.

El trabajo parte siempre del diseño y sobre la base de sus colores se van tiñendo las madejas. Siempre el doble de cantidad necesaria, para que nunca falte, al momento de tejer. “El tapiz puede estar en telar, un mes como mínimo, pero desde el momento que se esquila la oveja, se hila, se tiñe, se esperan las temporadas propicias para cada desarrollo, el proceso completo puede ser incalculable”, estimó Fantini. En primer lugar la artista diseña el futuro tapiz y sólo después selecciona el tipo de hilado. “Preferimos lana de oveja hilada a mano, justamente porque es despareja y en casos de trabajo expresivo, la condición de desparejo favorece la textura y le da movimiento al tejido’, y aunque la lana de camélidos abunda en la zona, tiene demasiada cutícula para el efecto que busca la autora. En el proceso de teñido, Fantini combina tinturas naturales y anilinas. Como mordiente, para fijar el color sobra la fibra, utiliza alumbre “porque cataliza el color de manera despareja, y a la vez, deja algo de color en el agua. Ese desparejo revalora aún más la impresión de movimiento en el tapiz. Esa tintura que queda de rezago en el agua, nos permite lo sobreteñidos y entretonos que no se logran de primera intención”. La huella encontrada “La intención fue tomar la iconografía indígena ancestral y resolverla plásticamente según los lenguajes pictóricos del siglo XX. He tomado íconos de elementos arqueológicos cerámicos y los descontextualicé de su soporte”. En los Valles Calchaquíes la mayor cantidad de objetos arqueológicos son cerámicas: “He tomado estos diseños de un gran valor icónico con la intención de atraer la mirada del hombre actual, habituado a un colorido estridente, al movimiento, a luz. A veces el soporte arqueológico está envejecido por el tiempo, y ahí la idea fue recuperar el ícono y revalorizarlo”.

Alrededor del año 2000, Fantini observó que estos símbolos abundaban entre las remeras y tatuajes de los jóvenes, y que algunas empresas los tomaban a la hora de buscar un logotipo. “Empecé a pensar que este fenómeno no era en realidad tan extraño. Era la búsqueda de insertarnos en un mundo global con una identidad regional y lo que permanecía como más propio de la región, eran estos motivos indígenas, atados a la identidad de la tierra, incontaminados de las sucesivas conquistas que sufrió nuestra cultura”.

El cruce con lo contemporáneo aparece en los colores y en los fondos de trama. En la ruta de este hallazgo, el tapiz ‘Loros’ resulta emblemático, el fondo está tomado de fotografías de la estructura molecular de las vitaminas y sobre ellas se insertaron los grafismos, componiendo la idea de ensamble. “Trato a veces de responderme qué nos pasaría hoy si consideráramos el mundo como un lugar sagrado, aún partiendo de aquello que vemos a través de un microscopio... creo que nos pasaría como a esas culturas y viviríamos el mundo de otra manera. Tal vez ese mundo sería realmente un lugar más seguro”, reflexiona Fantini. La idea de interrelación entre dos mundos, tiene honda caladura con la vida de la propia autora. “Yo me he criado en una colonia de italianos con cierta formación académica. De pronto me fui a vivir al noroeste, y me costaba entender muchas cosas, en el esfuerzo por adaptarme, tuve que conciliar permanentemente esas dos miradas... son dos cosmovisiones distintas, se entra y sale de uno y otro”, remarca la artista. Aunque como ella misma afirma ‘ya tiene más años de tucumana’, Liliana Fantini es originaria de Colonia Caroya, Córdoba. Profesora de Filosofía y Pedagogía aprendió pintura en el Taller del prestigioso profesor Nilo González. Se dedica al arte del tapiz desde 2002 y apartir de octubre iniciará una extensa gira por Italia.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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