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Lun a Dom de 10 a 18 hs.

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Punto de partida

Bill Viola

Del 05 de Julio al 02 de Septiembre de 2013 - Inaugura: 18hs  - Entrada: libre y gratuita

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Curador invitado: Marcello Dantas.

Punto de Partida – Point of Departure es la primera exposición individual de Bill Viola en Argentina, concebida especialmente para la Sala PAyS del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. La muestra, compuesta por siete video instalaciones, está atravesada por un claro eje temático: la idea de la partida, el doloroso momento de la separación; ruptura que alude al linde que distingue el aquí del allá, el pasado del presente, la vida de la muerte, el Estado del individuo.

 

El sufrimiento vivido por las miles de personas eternizadas en las estelas del Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado y por aquellos que las amaban “es una evidencia absurdamente fuerte de la idea de partida”, explica Marcello Dantas, curador invitado de la exposición. “La historia de Latinoamérica está profundamente marcada por el dolor y por la violencia aplicada sobre el individuo. La historia del Parque de la Memoria es también la historia de los que sufrieron y partieron a causa de sus ideas”, afirma. 

 

Así surge la conexión entre el Parque de la Memoria y la obra de Bill Viola, en la cual la partida esta frecuentemente asociada a la vida y a la muerte, al encuentro o a la conexión entre lo consciente y lo inconsciente. Las video instalaciones que componen esta muestra -que reúne  trabajos desde 1991 hasta la actualidad- dan forma a esa experiencia y brindan una imagen para el momento de la ruptura, sea con la vida, sea con el otro, sea con nosotros mismos: ese es el Punto de Partida.

 

“La representación del dolor, la resurrección y el agua, también tienen una fuerza simbólica multiplicada por el contexto donde serán expuestas esas obras. La elección de las mismas acabó ofreciéndonos una narrativa a la exposición”, concluye Dantas.
 

TEXTO CURATORIAL

 
«Las emociones humanas tienen resolución infinita. Cuanto más se las magnifica, recién ahí se abren. Infinitamente.»
Bill Viola, 1999
 
Mi primer encuentro con Bill Viola fue en 1988. Aún siendo estudiante en la Universidad de 
Nueva York, tomé un tren con el pequeño equipo del documental que yo estaba realizando 
sobre el arte del video y fui a encontrarme con él para una entrevista en el Museo Carnegie, en 
Pittsburgh. Viola estaba montando una nueva obra The Sleep of Reason [El sueño de la razón], 
con su pareja creativa de toda una vida, Kira Perov; su hijo Blake, todavía un bebé, ya lo 
acompañaba.
 
Aquel encuentro marcó mi vida. La luz que emanaba de su pensamiento claro y sincero, con un 
toque casi místico de métrica precisa y de contenido emocionalmente relevante, parecía algo 
llegado de otro planeta, puesto que eso sucedía en pleno auge del cinismo americano de la era 
Reagan. Bill Viola significaba en aquel momento una puerta abierta hacia un universo paralelo; 
despertó en el mundo una conciencia sobre la máquina perceptiva del ser humano.
Mi amistad con Bill y Kira comenzó ahí y continuó a lo largo de los años. En 1992 hicimos 
VideoBrasil y en 1994 fui curador de la exposición que realizó en el Centro Cultural Banco do 
Brasil, en Río de Janeiro, Site of the Unseen [Territorio de lo invisible] (título también del 
documental que hice con Carlos Nader sobre Viola). En esa muestra reunimos algunas de sus 
obras más emblemáticas, entre las producidas hasta entonces. En 2000, montamos una 
sublime pieza suya, Threshold [En el límite] en la exposición 50 Anos de TV e + [50 años de TV y 
+], que hicimos en la Oca, en San Pablo.
 
Bill Viola construyó un impresionante conjunto de obras de video en las últimas cuatro 
décadas. En ellas existen varias ideas recurrentes que reaparecen años más tarde con el 
desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, del que él no solo dio testimonio, sino 
que ayudó a crear. Es posible realizar varios recortes temáticos en su obra. Su importancia en 
la historia del arte es estructural: como uno de los creadores de una nueva forma de arte, Bill 
creó lenguaje como pocos y dejó en claro que su mayor materia prima era el tiempo, no 
únicamente la imagen. Enseñó que la ubicación de la cámara debe seguir inicialmente al 
sonido y no a la imagen, reconsideró conceptos de composición y construyó situaciones de 
rara belleza escénica y de mucho coraje teatral. Pero también reconectó el plano mítico con el 
arte contemporáneo y dio un nuevo cuerpo a metáforas visuales fundamentales de la historia 
del arte y de la filosofía. Con su pensamiento iluminado por las ideas de poetas como San Juan 
de la Cruz, William Blake y los sufistas Rumi y Ibn Arabi, también se aproximó a la pintura y 
examinó bajo una nueva mirada a artistas renacentistas como Pontormo y Masolino.
Cuando el Parque de la Memoria me buscó para desarrollar una exposición de Bill Viola, en 
primera instancia no me pareció que la conexión fuese obvia. Sin embargo, al poco tiempo me 
quedó clara. Había un nexo importantísimo en la idea de la partida (el doloroso momento de la 
separación), pues la separación es la línea que distingue el aquí del allá, el pasado del 
presente, la vida de la muerte, el Estado del individuo. Los 30.000 nombres de las personas 
que murieron durante la dictadura y que ahora están eternizados en las paredes del 
Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado en el Parque de la Memoria evidencian 
una fuerte idea de partida. La historia de América Latina está profundamente marcada por el 
dolor y por la violencia aplicada sobre el individuo. Este parque señala la historia de los que 
sufrieron y partieron a causa de sus ideas. Allí, entonces, surgió una conexión inusitada.

En la obra de Bill Viola, la partida está frecuentemente asociada a la vida y a la muerte, al encuentro (o a la conexión) entre lo consciente y lo inconsciente. Sin embargo, la corporización de esa experiencia brinda una 
imagen del momento de la ruptura, ya sea con la vida, ya sea con el otro, ya sea la que impone 
el silencio entre aquellos que fueron separados compulsivamente. Esta exposición es sobre 
esto: el punto de partida.
 
La representación del dolor, de la resurrección y del agua también tiene una fuerza simbólica 
que se multiplica por el contexto en el que las obras serán expuestas. Su elección terminó por 
ofrecernos una narrativa de la exposición, con puntos de vista sobre ese momento de ruptura 
entre lo inconsciente y lo que pasa en el plano de la percepción.
 
The Passing [El pasaje] nos permite comenzar. La obra nos obliga a experimentar el tiempo 
doloroso de la transición asociada a la muerte y al nacimiento –encuentro y separación–, una 
respuesta muy personal de Bill Viola ante la pérdida de su madre y el nacimiento de su hijo. 
Explora cuestiones de percepción, tiempo y las diferentes fases de la mente y de la conciencia 
donde se confunden memoria, realidad y visión. Este largometraje de 1991 es uno de los hitos 
en la carrera de Viola; también, su última obra de video lineal de larga duración.
 
Surrender [Rendición] es un díptico compuesto por dos pantallas verticales, una sobre la otra. 
Como en un ritual de autoflagelación, un hombre y una mujer se agachan frente a un espejo e
agua. Los dos hacen movimientos sincronizados de postración, cuya intensidad va aumentando durante el ciclo. Al inicio, parece un acto de afecto (como un abrazo o un encuentro), sin 
embargo, en el proceso vemos que estamos frente al reflejo de ambos en el agua. Con esta 
revelación y el movimiento del agua, lo que al comienzo parecía ser afecto se revela como 
angustia y dolor latentes. El acto sublime de la inmersión en el agua se transforma en 
desesperación, hasta que las imágenes se desintegran en apenas luz y color. Es inevitable 
pensar en cómo esa obra ilustra la condición humana del individuo frente al poder, que va de 
la fascinación a la rendición y la entrega.
 
Observance [Observación] es una obra que nos ofrece el punto de vista de los que quedaron.
Personas atónitas ante la imagen de lo que acaba de tomar forma llegan lenta y 
constantemente, de una en una, a ver algo que no vemos. Se alternan ante un acontecimiento 
brutal, la emoción del dolor que contagia a todos, uno por uno, un sentimiento colectivo de 
pérdida. En el contexto de esta muestra, esa obra da forma al dolor de los millones que se 
vieron impotentes frente a una catástrofe humana.
 
Three Women [Tres mujeres]. En la oscuridad, una madre y sus dos hijas se aproximan 
lentamente a una barrera invisible. Atraviesan una pared de agua, linde entre la vida y la 
muerte, entre las tinieblas y la luz, y se tornan nítidas. Luego, la madre decide que es hora de 
volver a la oscuridad y sus hijas la siguen. Tres mujeres ofrece un tránsito entre las dos 
dimensiones del tiempo, el presente y lo eterno: generaciones de madres, hijas y nietas buscan el eslabón perdido que un día las unió y son lavadas por el agua helada de la crueldad humana. 
Al inicio de su carrera, Bill Viola exploró el contacto con otras culturas, con el paisaje y con el 
universo animal como fuentes importantes de contenido para la construcción de su repertorio. 
Obras como Chott-El-Djerid, Hatsu-Yume y I Do Not Know What It Is I Am Like ayudaron a 
definir el verdadero lenguaje del video. 
 
Ancestors [Antepasados] representa una jornada a pie de una madre y su hijo a través del 
desierto, en el calor del verano. Durante la travesía ocurre una transformación: el paisaje los 
engulle en medio de una tempestad de arena y desaparecen delante de nuestros ojos. Esta obra articula el espejismo del momento de la desaparición, cuando la conciencia da lugar al inconsciente.
 
The Messenger [El mensajero]. En la instalación más monumental de la exposición, una gran 
proyección con un punto de luz en medio del agua oscura revela, de a poco, una figura 
humana cada vez más nítida. De la profundidad del agua surge ese hombre que despierta 
como de un sueño profundo, nos mira y produce un sonido ancestral como queriendo decirnos 
algo. Emite esa señal incomprensible y después vuelve a sumergirse en las profundidades de 
donde vino, hasta volverse nuevamente una pequeña mancha de luz. Esta obra trae una 
conciencia de que entre el allá y el acá existe un espacio –un limbo de conciencia, una 
pulsación entre la superficie y lo sumergido, entre lo incomprensible y lo no dicho– en el 
intento de comunicarse.
 
Acceptance [Aceptación] es la obra de esta muestra que más me conmueve. Un torrente de 
agua lisa y transparente, prácticamente invisible, define la imagen de un bulto que está ante la 
inminencia de cruzar esa línea de agua. Algunas de las más importantes y profundas 
experiencias humanas ocurren en momentos como estos, donde se establece un límite y 
tenemos que decidir si cruzarlo o no. Este acto es un punto de inflexión en la vida de una 
persona, pues una vez que se ha cruzado, toda su historia se redefine, como por un acto 
restaurador, un exorcismo, una purificación, un renacimiento, la suspensión del miedo, el 
rescate de un sufrimiento profundo o la cura de una herida. La decisión que se toma delante 
de esa línea establece el camino que el individuo tomará en la búsqueda de su nueva 
integridad. Esta obra, más que cualquier otra, habla del proceso de reconstrucción de la 
ciudadanía, del honor y de la vida de todos aquellos afectados por el régimen que violó sus 
vidas. Al brindar una imagen de este doloroso y fundamental proceso de restauración, la 
exposición cobra sentido en el momento actual. Este es nuestro punto de llegada.
                                  Marcello Dantas, curador invitado.
 
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus