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Lun a Vie de 11.30 a 19 hs. Sáb cita previa.

Unku: Una nueva visión de lo prehispánico

Unku: Una nueva visión de lo prehispánico

Alejandro Puente

Del 11 de Julio al 22 de Agosto de 2018 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

 
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Alejandro  Puente  comenzó  a  observar  en  detalle  las  formas  y  objetos  del  arte prehispánico  en los tempranos  años sesenta.  Esta  fijación  surgió,  según  su propio testimonio, al observar el amplio repertorio del arte indígena peruano. Puente describe su encuentro con el legado material del pasado como una “experiencia estética profundamente estimulante”, una suerte de sobresalto ante una serie de objetos cuya dimensión  simbólica  le era hasta entonces  desconocida. 
 
Este primer acercamiento, marcado  por  una  síntesis  entre  contemplación  e incertidumbre,  se convirtió  en las décadas  subsiguientes  en  una  de  sus  principales  líneas  de  investigación  artística. Puente  convirtió  ese  primer  impacto  emocional  en  una  reflexión  plástica  de  los materiales   y  formas  constructivas   del  arte  prehispánico   localizado   en  ciudades
antiguas del hemisferio americano.
 
Los inicios  de Puente  en la exploración  plástica  del repertorio  material  del pasado prehispánico coinciden temporalmente con el surgimiento de nuevos métodos y tecnologías para la excavación arqueológica. Tales avances tuvieron como trasfondo acuerdos económicos trasnacionales  y un activo intercambio de conocimientos entre especialistas  ubicados  en distintas  latitudes  del mundo  occidental. 
 
En este período histórico,  mejor  conocido  como  Guerra  Fría,  historiadores  del  arte  como  George Kubler y arqueólogos como Robert Heizer formaron extensos equipos de trabajo con el fin de localizar monumentos antiguos que comprobaran nuevas hipótesis acerca de las  auténticas  culturas  madre  de  la  sociedad  contemporánea.  Sus  hallazgos  de masivas cabezas olmecas en zonas arqueológicas  del sureste de México, fueron el emblema de sus excavaciones y la base material para elaborar narrativas alternas a las  anteriormente  asentadas  en  torno  a  las  raíces  indígenas. 
 
Enmarcada  en  este contexto, la obra de Puente puede verse también como un argumento que buscó reformular  la noción del origen “primitivo”.  Partiendo  de distintos soportes artísticos, Puente introdujo la pregunta sobre cómo el potencial del arte nativo podía resurgir en una época marcada significativamente  por las fuerzas de sofisticadas tecnologías de construcción,   transportación   a   alta   velocidad,   expansión   urbana   y   una   alta especulación   en   torno   al   uso   y   propiedad   del   patrimonio.   Para   elucidar   las intervenciones  de Puente  en dicho  marco  cultural  explicaré  tres  de las  estrategias empleadas por el artista: apropiación, sistemas y estructura.
 
 
Apropiación  refiere  a  la  utilización  que  Puente  hiciera  de  materiales  propios  del lenguaje plástico de los indígenas, como las plumas. Desde principios de los sesenta hasta mediados de los ochenta, Puente realizó una serie de obras sin título empleando plumas sobre arpilleras.
 
Al apropiar tales materiales, compuso una serie de umbrales al pasado indígena, evocando también el sentido mítico que tuviera el arte plumario. Originalmente   las   principales   funciones   de   esta   vertiente   artística   fueron   la representación  de  deidades  asociadas  con  el  aire,  indicar  determinados  estatutos sociales  y  contribuir  a  prácticas  rituales. 
 
Al  recordar  tales  connotaciones,  Puente recuerda el potencial de materiales primitivos para estimular la imaginación  hacia el pasado. Es a partir de materiales sumamente frágiles, quizás no tan comunes en los museos  de historia  antigua,  que Puente  intenta  recomponer  un vínculo  de nuestra época contemporánea con las civilizaciones remotas.
 
Sistemas refiere a los patrones geométricos  y cromáticos que Puente recobrase del arte  indígena  y  plasmara  en  su  obra  pictórica.  En  piezas  como  Unku  (1973), Pachacutec  (1979)  y Yayahuala  (1978),  Puente  establece  un repertorio  de códigos reticulares   presentes   en   objetos   del   arte   antiguo   como   textiles,   cerámicas   y construcciones  arquitectónicas. 
 
Al  retomar  tales  composiciones,  Puente  genera  un ejercicio dialéctico: trae al presente repertorios visuales del pasado y, con ello, articula en un horizonte actual la mirada reticular que existía en las comunidades artísticas del legendario pasado.
 
Por último, la noción de estructura alude a formas constructivas presentes en piezas como Kathino (1989), Luan (1994) y Uculla (2000). Estas obras sugieren de inmediato tanto los masivos templos en monumentales ciudades antiguas como los paisajes naturales que los rodean. Sin embargo, es posible establecer una analogía entre el proceso de creación de estas piezas y los métodos constructivos empleados por las sociedades  nativas en la elaboración  de sus construcciones. 
 
En un inicio, tanto las pinturas  de  Puente  como  las  construcciones  arqueológicas  que  sirvieran  como  su fuente de inspiración, partieron de una estructura geométrica inicial como base para componer el resto de la obra. Puente establece así otro tipo de nexo con los procesos artísticos   utilizados   por   los   arquitectos   de   los   antiguos   reinos.   Aunque   esta arquitectura  permaneció  oculta  por  varios  siglos,  arqueólogos  y  artistas  se  han encargado desde hace varias décadas de revelar los métodos para la elaboración de sus capas estructurales y texturas tectónicas.
 
Más  allá  de  buscar  unificar  dos  temporalidades  aparentemente  opuestas,  Puente elabora una dimensión pictórica en la cual la herramienta para dialogar con el presente contemporáneo  son  las  profundas  raíces  históricas.  Tal  práctica  simbólica  ubica  a Puente  entre los artistas  latinoamericanos  que se asumieron  como autores  de una noción expansiva de la historia: los espacios y objetos del pasado no son parte de un momento   estático.   Todo  lo  opuesto:   son  un  instrumento   con  la  capacidad   de enriquecer y problematizar nuestra percepción del presente.
 
 
Cristóbal Jácome-Moreno
Historiador  del  arte.
Candidato  doctoral  en  Center for Latin
American Visual Studies, The University of Texas at Austin.

ARTISTAS PARTICIPANTES

  

Alejandro Puente

(La Plata, 1933 – Buenos Aires, 2013).

Estudió Teoría de la Visión con Héctor Cartier. Participó en el Grupo Sí de La Plata con pinturas de carácter gestual. Pronto reorientó su poética hacia la geometría sensible y en 1967 presentó estructuras primarias en el marco de la Semana de Arte Avanzado, organizada por el Instituto Torcuato Di Tella.

 

Obtuvo la Beca Guggenheim, se integró a los círculos de la vanguardia neoyorquina y participó en Information (Museum of Modern Art, Nueva York, 1970). Tras elaborar una propuesta plástica vinculada a la cosmovisión prehispánica, desde 1971 continuó trabajando en la Argentina. En 1985 fue parte del envío a la 18ª Bienal de São Paulo, Brasil.

 

En este período ejerció la docencia en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Obtuvo numerosos reconocimientos, entre los últimos: el Primer Premio Salón Telecom Argentina (1995), el Primer Premio Salón Banco de la Provincia de Buenos Aires (1999), el Gran Premio Salón Nacional de Pintura (2001), el Premio Konex (2002), el Premio Arlequín de Oro, Fundación Pettoruti (2002) y el Premio Rosario, Fundación Castagnino (2003). En el año 2007 realizó el mural Homenaje al artista artesano en el Museo de Arte Popular José Hernández. Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Provincia de Buenos Aires (2008), Académico de Número en la Academia Nacional de Bellas Artes, curador del proyecto “Ojo al País” y miembro del Consejo Asesor del Museo Nacional de Bellas Artes.

 

En homenaje a su labor docente entre marzo y mayo de 2014, el Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova organizó la exposición Alejandro Puente. Huellas sensibles, bajo la curaduría de Cristina Rossi. El Espacio de Arte de Fundación OSDE presentó en 2015 la muestra Alejandro Puente. Abstracción y tradición americana, comisariada por Mariana Marchesi. Su obra está representada en importantes colecciones como Metropolitan Museum of Art (Nueva York), Museum of Modern Art (Nueva York), Dallas Museum of Art, Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires), Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), entre otras.

 

 

 
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